Esta es la sexta vez que viajo a África y siempre cuesta. No es solo la distancia ni el cambio de idioma o costumbres. Es algo más íntimo, más subterráneo: tienes que desprenderte de tus miedos como cuando pasas por una fiebre alta. Dejar que el calor te consuma, que el cuerpo se resista y finalmente ceda. Los tres primeros días siempre son de prueba: o tiras la toalla o te adaptas.

La llegada, además de la adaptación, supuso encontrarme con una Addis Abeba soliviantada por las tensiones entre los Oromo y los Amhara. Estas dos etnias, las más numerosas de Etiopía, han protagonizado enfrentamientos constantes, alimentados por disputas territoriales, diferencias políticas y una historia de dominación mutua. La violencia, que a veces parece un eco lejano en los informes internacionales, aquí es un rumor pegajoso en las calles, una electricidad en el aire que hace que todo parezca a punto de romperse. No era un caos visible, pero sí latente. Como pude, ya que tenía el equipaje repartido en dos sitios, fui haciendo lo mío. Y eso, lo mío, me sirvió para avanzar e integrarme en esta vida que de repente era la mía. Visitar y documentar un orfanato donde acogen niños, la mayoría con padres VIH, macrocefalia, parálisis o simplemente abandonados a su suerte. También conocí una comunidad de Madre Teresa, donde además de huérfanos dan cabida a los que no caben en ninguna otra parte. Estas tomas de contacto con la vida misma pellizcan la realidad, te arrancan de cualquier burbuja occidental y te plantan en el centro del mundo. Porque África no es un lugar, es una verdad.
África como pasión y devoción
Durante los siguientes días preparé el viaje al Gumuz con el Padre Juan Núñez, escritor, misionero y una autoridad en historia etíope. Lleva 42 años aquí, y en su mirada hay algo de esa eternidad que habita en el polvo de los caminos. ¿Qué mejor guía que él?
Como capas de cebolla, nuestro viaje de Oromia hasta el Nilo Azul nos lleva por la región Amara hasta Chaghi y de ahí al paso de montaña en Karr Berr, que quiere decir «puerta», hasta la región de Benisangul-Gumuz, provincia de Metekel. Después, por fin, llegamos a Gublak dentro del distrito de Dangur. Fin de trayecto. Los Gumuz están en tierra de nadie porque esa zona perteneció en su momento a Sudán; luego sus habitantes fueron sometidos y devaluados por su piel más oscura, considerados esclavos por los etíopes.
Guiado por el Padre Juan descubro una Etiopía distinta, la que huele a África, a esencia, a sonrisas amables, alejada del mercadeo de los touroperadores. Una Etiopía que me conecta con una forma de viajar, ni mejor ni peor, pero sí más real.
De regreso a Addis Abeba, vuelo hacia Mekele, al norte del país. Son casi 2.000 kilómetros de viaje de norte a sur, sin tregua, desde la depresión de Afar a 155 metros bajo el nivel del mar, hasta el cráter del Erta Ale, donde pasé la noche acunado por el olor a azufre y la brisa caliente de un fuego primigenio. A mi lado, una luna llena brutal y amable, como un hilo de Ariadna que me lanzaba sin red a los paisajes desérticos de Dallol, un rincón que los geólogos consideran único en el mundo y que a mí me pareció un viaje a la prehistoria.
Viajando así pierdes la noción del tiempo, como si vivieras en un puro presente que te impide discernir. Piensas que ya lo harás a la vuelta. Aquí toca cargar las bodegas de lo que algunos llaman «alma».
En Addis contrato un driver para salir al día siguiente hacia el Valle del Omo. No iba muy convencido de esta parte del plan; incluso había pensado en descartarla por el turismo mercader que la rodea, pero el hilo de Ariadna y el imán de mi brújula marcaban ese destino con fuerza. Y no me equivoqué. Solo hay que saber mirar. Mamá África siempre me guía y soy yo quien a veces me despisto. Así pude conocer a las tribus de los Hamer, Mursi, Karo, Ebore, Dorze y Kwegu, entre otras. Solo, sin turismo, sin blancos, sin prisas, acompañado por gente local y sobre todo durmiendo en hoteles de africanos, dato este último que recomiendo encarecidamente a todo aquel que quiera percibir un África distinta.
Fotografié los últimos minutos de luz en las montañas de Arbaminch y las puestas de sol con acacias en la llanura de Turmi. Probé la mejor bunna del mundo, pues el origen del café está aquí y su ritual es un viaje en sí mismo: lo tuestan en el mismo momento, lo preparan con una ceremonia casi sagrada, y al primer sorbo entiendes que hay cosas que no se pueden explicar, solo sentir. Fue un regreso al mundo del «por siempre jamás», igual que en los cuentos.
Estoy muy contento con el trabajo de retratos. Me hice con buen material. La fotogenia es una cualidad que tienen algunas pieles para rebotar la luz, y el glamour es el poder de seducción ante una cámara. Aquí, ambos factores se cumplen con creces. Cuando un fotógrafo percibe eso a través del visor sabe que ha elegido la mejor profesión. Son absolutamente bellos por dentro y por fuera, con una elegancia innata que te hace comprender que el origen de la humanidad está aquí.
Dicen que el síndrome de Stendhal es una enfermedad psicosomática asociada a la contemplación de lugares como Florencia, pero os aseguro que aquí también lo podréis experimentar con un añadido excepcional: la carga vital que se queda en vuestras bodegas espirituales sin fecha de caducidad.
Dediqué la última semana en Addis a investigar y experimentar la ciudad. El Fendika, un lugar imprescindible para disfrutar de la música etíope en directo; el Taitu, el primer hotel de Etiopía, creado por la emperatriz y mujer de Menelik a principios del siglo XX; o el Finfine, un restaurante perdido en el tiempo, frecuentado por etíopes, donde puedes degustar la mejor bunna con su ritual.
Aunque es cierto que existen muchos conflictos y muy serios en diferentes partes del país, también hay una sociedad paralela pujante, que lucha por mostrar una Etiopía diferente, una Etiopía creativa, culturalmente rica, vibrante. Un país que, como todo lo que es real, está lleno de contrastes, de heridas abiertas y de belleza indomable. África no es un destino. Es una forma de estar en el mundo.
Documentando proyectos


















