A modo de introducción:
Mozambique: El tiempo detenido
Viajar es aprender a mirar. Y mirar es, en el fondo, una forma de contar, de escribir con los ojos lo que las palabras apenas pueden rozar. En África, la cámara se convierte en un traductor imperfecto, un filtro que recoge la luz sin llegar a comprenderla del todo. Mozambique es así: una imagen borrosa en los márgenes de lo conocido, un continente que no cabe en una sola fotografía ni en un solo relato.
Lo primero que debe saber quien llegue por primera vez es que aquí el tiempo no es un objeto que se lleva en la muñeca, sino un animal que respira a su propio ritmo. En Occidente tenemos relojes; aquí, en cambio, tienen el tiempo. Y eso significa que los minutos no se cuentan, se sienten. No hay prisa, porque nada tiene sentido sin el instante.
Entre Cóbué y Lichinga, Nyassa
Los mapas, las guías de viaje y las planificaciones minuciosas tampoco sirven de mucho. Lo que imaginas antes de llegar será siempre menos de lo que encuentres al poner un pie en la tierra roja. La naturaleza es absoluta y el viajero, si lo permite, será devorado por ella. Aquí los amaneceres no son metáforas, las noches no son escenarios de cine: son carne, son piel, son un pacto silencioso entre el universo y quien se atreva a mirarlo de frente.
Dicen que quien viene una vez está condenado a volver. Pero no es una condena, es un regreso. África no te deja ir porque, en realidad, nunca te fuiste. Se queda en la mirada, en el cuerpo, en los silencios que antes no estaban. Es femenina y maternal, pero también brutal. Te arrulla y te despierta de un golpe. Te acoge y te empuja. Como toda madre, enseña con amor y con dureza.
Quiero inaugurar este viaje con una cita de Lía Schenk:
«Todas las personas son nómadas desde el nacimiento. Cuando crecen, algunos se hacen sedentarios y otros no. Los sedentarios se quedan siempre en un mismo lugar y ven las cosas siempre desde un mismo punto de vista. No se mueven de sus lugares ni para mirar ni para vivir. En cualquier momento de su vida, un sedentario puede empezar a ver la vida de otra manera si aprende las maneras naturales de los nómadas. La transformación de sedentario en nómada entraña algunos dolores necesarios. Tendrán que aprender de nuevo casi todas las cosas y empezarán a llamar las cosas por otros nombres.»
Nos vemos en el siguiente post.
Nos dejas con los dientes largos! Estoy deseando embarcarme en ese viaje a Mozambique, no tardes en continuar tu relato.
P.D. magníficas las fotografías
Gracias Jaime, pronto otro
Abre bien los ojos y disfruta de lo que ves para después hacernos disfrutar a nosotros.
Es un relato sobre el último viaje, pero tomo nota para abrir bien los ojos del recuerdo y haceos disfrutar, gracias Remigio